domingo, 4 de agosto de 2013
Números negros.
4 disparos. 6 botellas de pisco. 3 horas de fiesta. 17 minutos se demoró la policia en llegar. 3 puñaladas recibió el mayor de los hermanos. 1 de ellos logró escapar. 4 meses estuvo en coma el mayor. 5 años pasaron. 2 segundos tardó en reconocerlo. 8 minutos duró la discusión. 2 horas agonizó con la mejilla pegada al asfato. No hubo testigos.
Destino.
Escupió al suelo y el rojo de su saliva golpeó con fuerza el pavimento. Tanteó sus bolsillos hasta que encontró un huérfano cigarro y se lo llevó a la boca. Le dio una fuerte bocanada, una sola y lo botó al borde de la vereda, justo en una posa. Miró al cielo, quién sabe por qué, quizás buscando ayuda en algo que él no creía, pero bueno, eso pasa a veces, tú sabes. y así, con la mirada perdida en rabia, entró nuevamente al bar, decidido a terminar lo que él no había empezado, pero debía terminar ya.
Defensa.
Otra vez el agua caliente no funcionaba, así que se duchó con agua fría, como casi toda la temporada. Eran sólo las 7 de la tarde pero la oscuridad ya era total, así es el invierno, pensó él. Era el último jugador que quedaba y se vestía lento, como si quisiera alargar eternamente cada segundo, como si no quisiera salir de ahí. De pronto se escuchó un "clack" y sin compasión se apagaron las luces de todo el recinto. Guardó sus zapatos, su toalla, su camiseta y se quedó estático, pensando, suspirón un par de veces hasta que estalló en llanto. Levantó su cuerpo pesado, tomó aire y salió cabizbajo del húmedo y a esas alturas, maloliente camarín. Afuera lo esperaba su señora y sus 2 pequeños hijos. Les dio un beso a cada uno y ella le preguntó: ganamos?
3 mil.
"en 15 minutos estoy allá, qué, en 13 mejor" decía el taxista, segundos después cortaba el celular. Yo iba un par de cuadras más allá, por lo que no me pareció extraña su conversación. "Me deja en la esquina" le dije, me miró por el retrovisor y asinitó con su cabeza. $2.890 decía el taximetro, le pasé 3 mil y le dije "déjelo así no más maestro, está bien". Me bajé del taxi y me paré fuera de su departamento, a ver si se encendía alguna luz o peor aún, si llegaba con otro. Luego de un par de horas decidí volver a casa, caminando. Hacía mucho frío para seguir esperando nada.
lunes, 29 de julio de 2013
El cobarde ambicioso.
Terminó la pega y se subió rápido a la micro, el día estuvo duro, era viernes y sus amigos lo esperaban en el barrio con unas cuantas "pilseners", la verdad, muchas más que unas cuantas. El tráfico hizo eterno su viaje, además de las ansias y por supuesto, la distancia: desde su trabajo hasta su casa había 8 comunas de distancia. En menos de una hora, entre chistes y risas, tomó más de dos litros de cerveza, dos de las clásicas botellas de vidrio , suficientes como para olvidarlo todo. Lástima que no olvidó cargar la bateria de su celular, porque cuando estuvo bien borracho, buscó su número y la llamó, una vez más con la esperanza de que ella contestara.
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